Caminando a Santiago: Menudas Vacaciones.

Caminando a Santiago: Menudas Vacaciones.
CARTA A MI HIJO.
Hola Ignacio.
Hace unos pocos años, haciendo piragüismo y rafting contigo en un río pirenaico, nos dijiste que teníamos ya edad para irnos de vacaciones tranquilitos a Benidorm.

Hemos terminado de recorrer A PIE los últimos 90 km del Camino de Santiago. Si aquella excursión montañera fue peculiar para ti, no puedes imaginar lo que ha sido ésta.

¿A ti te han dicho alguna vez lo que tienes que llevar obligatoriamente en la MALETA cuando te vas a ir de viaje?

Si, si: el número de camisetas, de pantalones, de calcetines, de calzoncillos…En fin, lo nunca visto, todo listo y al tren rumbo al punto de partida del camino, muy cómodo, pero Lugo parecía vecina de Copenhague. 7 horas después cogemos un autobús que nos llevaría al punto exacto desde donde partiríamos. El conductor, probablemente recien llegado de Almería, nos dio más vueltas que un trompo, para encontrar el sitio desde el cual partiríamos A PIE. ¿Te parece normal que un conductor se tenga que fiar de los GPS de los viajeros para encontrar su destino?.

Llegamos por fin. Hotel, hotel, no se le puede llamar ni a este ni a ninguno en los que hemos estado. Son más bien sitios donde se ponen en común cosas por la noche, naves donde nos amontonamos 8-12 personas sin distinción de sexo, raza ó religión y donde se comparten risas, gases, etc…que te toca la litera de arriba y no eres muy hábil en las maniobras de descenso, te puedes romper la crisma si tienes que ir al servicio por la noche (por supuesto a oscuras) tropezándote con las mochilas de tus compañeros de viaje y de estancia.

Y a las 6… ¡Diana!. No es que el Taj Mahal ó la Torre de Londres se vean mejor a esas horas. Es el campo, el puro campo el que nos espera para caminar!
Una plasta de vaca por aquí, unas cagarrutas de oveja por allá, un olorcillo nauseabundo desde la izquierda, una peste desde la derecha. En fin, todo muy agradable, eso si muy verde, espléndidamente verde.

Antes de salir se reparte el picnic para aguantar los kilómetros. Mira Ignacio, hijo, unas barritas de cereales, que estaban ricas, y como novedad tenía su gracia, pero a el cuarto día, ya había gente que acumulaba 5 ó 6. Además de las barritas, agua con polvos energéticos del monitor: Los Polvos de Pane, te puedes imaginar…yo al principio no sabía que pensar, un tío tan alto y tan fuerte.

¡¡6 horas andando!! cuestas arriba, cuestas abajo. Te cruzas con ingleses, americanos, italianos, japoneses, ¿Pero es que a todo el mundo le ha dado por lo mismo?. Te cruzas con ellos, hola, ¡Buen Camino! “Mira que monos, todos iguales de verde, que graciosos” Claro cuando te toca decir esto en plena ascensión medio ahogado, a veces te sale hola y otras ¡Caray con la cuesta…Uff!

Y venga barritas y polvos. Y venga música, coros y danzas. A ti te gustaría esta musiquilla, pero a mi nada. No pusieron nada de Serrat, Sabina ó de los Beatles.

Por fin llegamos al final de etapa. Pueblos monumentales donde los haya (salvo Santiago, claro está). Medio muertos, sucios deseando tomar una ducha y a la cama…escuchamos aquello de ¡Hay que estirar!. Sí, de verdad, créetelo hijo. Rodeamos a nuestro inefable Pane y en medio del pueblo nos ponemos a estirar músculos que no sabíamos ni que los teníamos, entre aullidos, ruidos de tripas, quejidos y lamentos, que atraen las miradas del vecindario.

Y a comer, bien estirados, aún sucios y somnolientos, nos metemos 2 platos y postre entre pecho y espalda sin rechistar, ya sabes como se come por el norte.
A algunos les vence el sueño y se echan la siesta. La mayoría aprovechamos para darnos una ducha, algo totalmente inenarrable. Mira, se entra en barca al baño y al salir te puedes encontrar de todo, hasta croquetas gigantes rodando por el suelo (un uso distinto de los sacos de dormir), y tú medio desnudo. ¡Que bonito es compartir! sobre todo con adolescentes desbravados, majetes ellos, eso sí.

Otra comilona para cenar, y a la cama. Ojo con hacer el menor ruido, otros peregrinos caminantes duermen ya. No olvides donde está el cuarto de baño, por si tienes que levantarte a media noche y sortear obstáculos, y deseas que no te haya tocado cerca ningún roncador, inquieto ó soñador… ¿Despertador? ¿Para que? a su hora, ruido de cremalleras ó intentos repetidos de guardar el saco de dormir, y enseguida se oye “¡¡chicos buenos días!!”.

En fin, Ignacio, te escribo desde Santiago. Nos darán más bendiciones … y a Madrid.

He de reconocer, (y dirás que estoy loco), que lo volvería a hacer una vez descansado. Es una manera diferente de afrontar un viaje. Una verdadera experiencia, con una organización curradísima y que no tiene alternativa. El paisaje, el sentido de hacer el camino han sido fantásticos, pero lo mejor con diferencia, como suele ocurrir, han sido las personas.

No es frecuente encontrar a gente tan dedicada a los demás y de forma tan desinteresada. Como también es excepcional encontrar a personas con un corazón distinto y con unas enormes ganas de vivir de igual a igual con los demás.

Entenderás que para mi esto ha supuesto la confirmación de que merece la pena todo el esfuerzo que se hace con estos pacientes desde que nacen.

Por eso, Ignacio, han sido unas vacaciones diferentes, únicas en su especie ¡Menudas Vacaciones!.

Luis Fernández Pineda
Médico Voluntario del Proyecto.
I Encuentro de Jóvenes con Cardiopatías Caminando a Santiago.

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